Más información no garantiza mejores decisiones

 
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Una de las grandes promesas de la digitalización fue ampliar el acceso a la información. En las organizaciones, eso también significó poder registrar y conservar mucho más sobre su propia actividad. La expectativa parece lógica: conocer mejor lo que hacemos debería ayudarnos a decidir mejor.

Pero disponer de más información no garantiza ese resultado.

Un estudio de 2024 de SoftServe, realizado junto con Wakefield Research, encontró que el 58 % de los líderes consultados afirmó que sus organizaciones toman decisiones estratégicas utilizando datos inexactos o inconsistentes la mayor parte del tiempo o siempre.

El problema no es solamente cuánto dato existe. También importa cuánto de esa información puede recuperarse, relacionarse y convertirse en conocimiento útil cuando aparece una decisión nueva.

Guardar información no es conservar conocimiento

Una organización puede conservar años de ventas, costos, operaciones, usuarios o servicios y, aun así, tener dificultades para volver sobre esa historia cuando necesita entender una situación nueva.

Esa dificultad también aparece cuando sistemas que siguen funcionando conservan información y conocimiento crítico, pero cada vez resulta más difícil utilizarlos para responder al contexto, algo que analizamos en el artículo “El sistema no se cae, pero la organización pierde capacidad de respuesta”.

Y es que durante mucho tiempo, buena parte de esa información histórica se guardó como respaldo, por auditoría o simplemente porque podía ser necesaria más adelante. Con las capacidades disponibles hoy, es un error no sacar provecho a algo que ya se tiene.

Pero recuperar ese valor exige trabajo previo. En su Global AI Driven Organization Survey 2024, Deloitte encontró que una de cada tres organizaciones relevadas señaló la limpieza y transformación de sus datos como un problema.

Unificar y preparar una base histórica permite empezar a relacionar información que antes permanecía dispersa o difícil de consultar. Recién entonces los registros dejan de funcionar solamente como archivo y pueden convertirse en materia prima para producir conocimiento sobre la propia organización.

Encontrar lo que la organización no tenía presente

Una base histórica preparada para el análisis permite hacer algo más que reconstruir lo ocurrido. También permite buscar recurrencias que no formaban parte de la lectura habitual del negocio.

Una línea de productos, por ejemplo, puede comportarse de manera diferente cuando se mueve el dólar, cambia el precio del petróleo o aparece otro factor externo. Si existe una base histórica consolidada, la organización puede revisar qué ocurrió en situaciones similares y observar si determinados comportamientos vuelven a aparecer.

Esos hallazgos son los que en Integra trabajamos como alphas: patrones relevantes que ayudan a revelar algo que no era evidente para quienes siguen la operación todos los días.

El valor está, justamente, en revelar lo que no es habitual y que un área comercial, operativa o financiera puede no tener presente.

Pero encontrar una recurrencia no significa haber encontrado una explicación. Y menos todavía una forma de aprovechar ese hallazgo.

Falta algo importante. Vital: validarlo.

Validar antes de decidir

La inteligencia artificial puede acelerar el análisis y ampliar la cantidad de relaciones que una organización es capaz de explorar. Pero que una respuesta parezca correcta no significa que sea suficiente para tomar una decisión.

En 2025, un estudio global de KPMG y la Universidad de Melbourne encontró que más de la mitad de los trabajadores consultados reconoció haber cometido errores en su trabajo debido al uso de inteligencia artificial.

Validar no significa simplemente revisar una respuesta al final del proceso. Puede requerir incorporar el conocimiento de distintas áreas antes de convertir un hallazgo en una decisión.

En una fábrica, una señal puede sugerir anticipar la compra de un insumo, pero Producción, Logística y Costos pueden aportar restricciones que cambien esa conclusión. En una organización de servicios o en un organismo público, una recomendación también puede verse alterada por cambios en la demanda, nuevas regulaciones o límites presupuestarios.

La validación es un trabajo en equipo.

Y necesita algo más que experiencia distribuida: necesita contexto. Un hallazgo puede cambiar de sentido cuando se lo compara con otra información de la propia organización, con documentos, antecedentes o condiciones externas que no estaban presentes en la base histórica.

Antes de decidir, hay que entender no sólo qué patrón apareció, sino también contra qué realidad lo estamos evaluando.

Contrastar también exige contexto

Esa necesidad de ampliar el contexto es donde puede intervenir Agentic RAG: un sistema capaz de buscar información en distintas fuentes y relacionarla con la pregunta que la organización necesita responder.

Documentos, planillas, PDF, registros internos o información externa pueden ayudar a confirmar, matizar o cuestionar lo que apareció en la base histórica.

Pero sumar fuentes no alcanza. También importa desde qué contexto se las interpreta.

Un análisis de costos en una economía inflacionaria, por ejemplo, puede producir conclusiones poco útiles si el sistema trabaja con supuestos que corresponden a otra realidad. Lo mismo ocurre cuando cambian las condiciones de demanda o una nueva regulación modifica el marco sobre el que se habían construido los datos anteriores.

Contrastar, entonces, no es acumular más información. Es poner cada hallazgo frente a las fuentes y condiciones que permiten entender si sigue siendo válido para la decisión que tenemos delante.

Fuente: Data Quality: Where to Start & What to Do | Ville Satopää, Tom Redman, Tom Kunz & Kinda El Maarry

El objetivo es planificar mejor

El valor de este recorrido no está en acumular más datos ni en sumar una nueva herramienta. Está en mejorar la capacidad de la organización para anticipar escenarios y decidir con más evidencia.

Una industria puede prever necesidades de stock antes de una variación de precios. Una organización de servicios puede reconocer cambios recurrentes en la demanda. Un organismo público puede relacionar antecedentes propios con nuevas condiciones presupuestarias o normativas antes de definir una respuesta.

En definitiva, las organizaciones que usan ciencia de datos e inteligencia artificial pueden planificar mejor.

Pero esa capacidad no aparece solamente al incorporar IA. Requiere bases históricas preparadas, información que pueda recuperarse y relacionarse, sistemas capaces de incorporar otras fuentes y criterios de validación conectados con la realidad de cada organización.

Por eso, gestionar y modernizar una base histórica, preparar su información para el análisis e integrar sistemas de inteligencia artificial y RAG forman parte de un mismo recorrido: hacer accesible lo que la organización ya sabe, encontrar aquello que todavía no había visto y darle el contexto necesario para utilizarlo mejor.

Modernizar los datos, entonces, no significa sólo preservar mejor el pasado.

Significa convertirlo en una capacidad para decidir lo que viene.

 

¿Tu organización conserva años de información, pero todavía le cuesta convertir esa historia en mejores decisiones?

En Integra ayudamos a preparar y modernizar bases históricas, relacionar fuentes de conocimiento e integrar inteligencia artificial con el contexto y la validación necesarios para mejorar la capacidad de planificación.

 
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Modernizar: el desafío de poder cambiar el sistema continuamente